lunes, 1 de marzo de 2010

Por este medio se les comunica a todos los integrantes del ministerio de ALabanza de la Iglesia Cristo Viene que están convocados a una reunión de servidores con el Pastor General Rafael Alvarenga a las 6:30pm el día de hoy Martes 2 de Marzo 2010.

Esperamos puedan asistir.
*En caso de no poder asistir procurar que sea por un motivo de fuerza mayor y comunicarse con Johana Castejón o con el Pastor Luis Peñalva.

CANTOS MARZO 2010

MARZO 2010

Viernes 5

Dirige : Johana Castejón

Regocíjate y Canta Hija de Sion (Em)

Cantaría sin parar (D)

Mi anhelo (D)

Vine a adorarte (D)

Domingo 7

Dirige: Pastor Luis Peñalva

Quien como el Señor (F)

Jesús es el Señor (F)

Grande es El (A)

Yo se que estás aquí (F)

Viernes 12

Dirige: Gloria Valladares

Dios Poderoso (E)

Eres Dios (G)

Bendito sea el Señor (A)

Al que está Sentado en el Trono (A)

Domingo 14

Dirige: Johana Castejón

Exáltate Señor(G)

Tu mereces Gloria (A)

Quien es el Rey de Gloria (D)

Majestad (E)

Viernes 19

Dirige:Herberth Hernandez

Exáltate Señor (G)

Eres Tu (B)**

Toda Honra (Em)

Domingo 21

Dirige: Hildy Peñalva

Vive mi Redentor(E)

Rey de Majestad (E)

Levanto mis manos (E)

En la Cruz (E)

Viernes 26

Dirige: Edras Calix

Te coronamos (A)

Amor sin Condición (F)

Porque para siempre Dios (D)

Venimos ante ti (E)

Domingo 28

Dirige: Luis Medina

**

CALENDARIO REUNION DE JOVENES

Marzo

Sábado 6 Hildy Peñalva

Te doy Gloria

Grande y Fuerte

Vine adorarte

Sábado 13 Herberth Hernández

Casa de Dios

Dios a su hijo dio

Poderoso Dios

Sábado 18 Luis Medina

Grande y fuerte

Abre mis ojos

Tu eres mi respirar



SENTIR MARZO 2010

"Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.”

Salmo 18:1 - 50

28 de febrero “Señor Eres: Mi Salvación y mi Protección” (Salmos 18:1 – 50)

(Este domingo va con el Sentir del mes de febrero Salmos 18:1 - 50)

5 y 7 de marzo “Oh alma mía, dijiste a Jehová: Tú eres mi Señor”

12 y 14 de marzo “Bendeciré a Jehová que me aconseja…”

19 y 21 de marzo “A Jehová he puesto siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido”.

26 y 28 de marzo “En tu presencia hay plenitud de gozo; Delicias a tu diestra para siempre”.

Salmos 16 (RV60) –

Una herencia escogida
Mictam de David

1 Guárdame, oh Dios, porque en ti he confiado.
2 Oh alma mía, dijiste a Jehová:
Tú eres mi Señor;
No hay para mí bien fuera de ti.
3 Para los santos que están en la tierra,
Y para los íntegros, es toda mi complacencia.
4 Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otro dios.
No ofreceré yo sus libaciones de sangre,
Ni en mis labios tomaré sus nombres.
5 Jehová es la porción de mi herencia y de mi copa;
Tú sustentas mi suerte.
6 Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos,
Y es hermosa la heredad que me ha tocado.
7 Bendeciré a Jehová que me aconseja;
Aun en las noches me enseña mi conciencia.
8 A Jehová he puesto siempre delante de mí;
Porque está a mi diestra, no seré conmovido.
9 Se alegró por tanto mi corazón, y se gozó mi alma;
Mi carne también reposará confiadamente;
10 Porque no dejarás mi alma en el Seol,
Ni permitirás que tu santo vea corrupción.
11 Me mostrarás la senda de la vida;
En tu presencia hay plenitud de gozo;
Delicias a tu diestra para siempre.

Comentario a Salmos 16

Tomado de "Comentario Exegético-Devocional A Toda La Biblia."
Libros poéticos -Salmos Tomo-1. Editorial CLIE.

Este salmo tiene dentro algo de David, pero mucho más de Cristo. Empieza con unas expresiones de devoción, propias de David, pero que también pueden aplicarse a Cristo, y termina con una confianza tal en la resurrección que solo puede aplicarse a Cristo, y no a David, como los Apóstoles Pedro y Pablo hacen notar (Hechos. 2:24; 13:36).

“al cual Dios levantó, sueltos los dolores de la muerte, por cuanto era imposible que fuese retenido por ella” Hechos 2:24

“Porque a la verdad David, habiendo servido a su propia generación según la voluntad de Dios, durmió, y fue reunido con sus padres, y vio corrupción” Hechos 13:36

David se expresa en el lenguaje de todo buen creyente al profesar su confianza en Dios (v. 1), su contentamiento en El (v. 2), su afecto al pueblo de Dios (v.3) y su adhesión al verdadero culto a Dios (v. 4).

Se regocija luego en la suerte que le ha caído por ser Yahweh su porción (vv. 5,6), y por tener en El su gran consejero (comparar con Isaías 9:6), que le habla incluso al interior de su persona (v. 7).

“Porque un niño nos es nacido, hijo nos es dado, y el principado sobre su hombro; y se llamará su nombre Admirable, Consejero, Dios Fuerte, Padre Eterno, Príncipe de Paz Isaías 9:6

Habla finalmente como tipo de Cristo y, por tanto, con el lenguaje de Cristo mismo, a quien el resto del salmo es expresamente aplicado (Hechos. 2:25). En concreto, habla

“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido” Hechos 2:25

De la especial presencia de Dios con el Redentor en sus servicios y sufrimientos (v. 8).

De la resurrección que el Redentor mismo esperaba para sí y de la gloria que se le habla de seguir, por la que pudo llevar a término gozosamente su empresa (vv. 9-1 1).

Versículos 1-7

El salmo es de David, y es llamado mikhtam de David. El vocablo hebreo mikhtam, que también aparece a la cabeza de los salmos 56-60, es de significado incierto. Según Ryrie, «parece derivarse de un verbo que significa "cubrir" y podría indicar salmos que tratan sobre la protección (cubrimiento) de los enemigos, o salmos recitados en silencio (cubierta la boca por los labios)». Arconada, en cambio, se inclina a favor de la interpretación sugerida por los LXX, quienes traducen el vocablo hebreo por el griego stelographía, que significaría «para inscribirlo en una estela». Vamos con el estudio del salmo:

Comienza David aquí como volando a buscar la protección de Dios (v. 1): “Vela sobre mí, oh Dios, porque en ti me he refugiado” (literal). Como diciendo: “Presérvame de todo mal, especialmente de la muerte y del pecado, al que estoy continuamente expuesto, porque en ti, y en ti sólo, me refugio como en el único que me da confianza y seguridad”. Esto (quitando lo del “pecado”) es aplicable a Cristo, cuando dijo (Juan. 12:27): “Padre, sálvame de esta hora”, confiando que Él le habla de librar (comparar con Hebreos 5:7).

“Y Cristo, en los días de su carne, ofreciendo ruegos y súplicas con gran clamor y lágrimas al que le podía librar de la muerte, fue oído a causa de su temor reverente” Hebreos 5:7

Reconoce su solemne dedicación a Dios como a Dios suyo (v. 2): “Oh, alma mía, dijiste a Yahweh: Tu eres mi Señor (hebreo Adonaí) y, por ello, a ti me he acogido desde siempre y para siempre” (comparar con Salmos 11:1). Y, como motivo principal de esta dedicación suya a Dios, añade: “No hay para mí bien (alguno) fuera de ti”. Como diciendo: “Todo verdadero bien mío está en ti o subordinado a ti”.

“En Jehová he confiado; ¿Cómo decís a mi alma, Que escape al monte cual ave?” Salmos 11:1

Como consecuencia de esta complacencia absoluta en Dios, la extiende también a todos los que son hijos de Dios: “Para los santos que están en la tierra y para los excelentes (literal) es toda mi complacencia”. Si Dios es nuestro, debemos, en atención a Él, extender nuestra benevolencia a los que son suyos, a los santos en la tierra, pues lo que se les hace a ellos, El se agrada en tomarlo como hecho a El mismo, habiéndoles constituido recipiendarios de Dios. Quienes han sido renovados por la gracia de Dios y dedicados a la gloria de Dios, son santos en la tierra. Cristo se deleita en estos santos en la tierra, a pesar de las debilidades de ellos, la cual es una buena razón para que también nosotros tengamos en ellos nuestra complacencia (Juan 17:19).

“Y por ellos yo me santifico a mí mismo, para que también ellos sean santificados en la verdad” Juan 17:19

Detesta el culto de todos los dioses falsos y toda comunión con sus adoradores (v. 4): “Se multiplicarán los dolores de aquellos que sirven diligentes a otros dioses”, no solo por el castigo que atraen sobre si de parte del verdadero Dios a quien rechazan, sino también por la decepción que han de experimentar por parte de los falsos dioses a quienes se adhieren. “No ofreceré yo sus libaciones de sangre”, dice David, dando a entender así su firme propósito de no participar de los sacrificios de los idolatras, no solo porque los Ídolos son pura mentira, sino también porque las ofrendas mismas que les hacen son bárbaras, probablemente con sacrificios humanos. En el altar de Dios, como quiera que allí se hacía expiación por medio de la sangre, beber la sangre estaba estrictamente prohibido, y las libaciones eran de vino; pero el diablo prescribía a sus adoradores beber la sangre de los sacrificios, a fin de instruirles en la crueldad. David no quiere ni tomar en sus labios los nombres de tales dioses falsos.

Repite la solemne elección que ha hecho de Yahweh como de su porción, del lote que le ha tocado en suerte (v. 5) por herencia, del mismo modo que la porción del territorio que a cada tribu le había tocado en el reparto de la Tierra Prometida. La copa, más bien que el cáliz del que se sacaban las suertes, es la copa de vino del banquete (comparar con Salmos 23:5). Da David la gloria de todo ello a Dios, quien le garantiza la suerte. Y aludiendo a las cuerdas de agrimensor que se usaban para distribuir las heredades, añade (v. 6): “Las cuerdas me cayeron en lugares deleitosos (literal delicias) y es heredad de preciosidad la que cayó sobre mí” (literal). El Cielo es nuestra heredad. No puede ser más hermosa: allí está nuestra casa, nuestro reposo, nuestro bien eterno, y hemos de mirar a este mundo como se mira el país por el que cruza el camino por el que vamos de viaje. Los que tienen razón para decir: Dios es mi porción, ¿qué más pueden desear?

“Aderezas mesa delante de mí en presencia de mis angustiadores; Unges mi cabeza con aceite; mi copa está rebosando” Salmos 23:5

Al ponderar David la excelencia de la porción que le ha cabido en suerte, no puede menos de bendecir a Yahweh, que fue su consejero en elección que hizo, y con el que mantiene comunión Intima incluso por la noche (v. 7): “Bendeciré a Yahweh que me aconsejo (literal); aun en las noches me amonestan mis riñones” (literal, es decir, mi conciencia, ya que los riñones eran símbolo de lo que hoy llamaríamos lo más intimo del ser en sentido de “lo subconsciente”, así como el corazón lo era de la vida consciente). Si la porción de Dios es nuestro deleite, que sea también Dios quien se lleve la alabanza por ello. Cuando David se retiraba del mundo y se entregaba a la meditación y al descanso nocturnos, su propia conciencia (también llamada “riñones” en Jeremías 17:10) le seguía instruyendo (17:3) y amonestando (eso significa el verbo hebreo) con respecto a los deberes que surgían de la elección que había hecho. Todo esto puede aplicarse, de modo eminente, a Cristo, quien siempre hacía lo que agradaba al Padre, pues en todo miraba la gloria de Dios como el sumo bien y la suprema meta. Al leer o cantar estos versículos, podemos aplicárnoslos también a nosotros mismos, renovando nuestra elección de Dios como Dios nuestro, con santa complacencia y satisfacción.

“Yo Jehová, que escudriño la mente, que pruebo el corazón, para dar a cada uno según su camino, según el fruto de sus obras” Jeremías 17:10

Versículos 8-11

Estos versículos fueron citados por el Apóstol Pedro en su primer sermón el día de Pentecostés, en que fue derramado el Espíritu Santo sobre todos los ocupantes del Aposento Alto (Hechos. 2:25-28); expresamente dijo que aquí habla David de Cristo y, en particular, de su resurrección de entre los muertos. En alas del espíritu de profecía, el rey cantor y profeta fue llevado más allá de la consideración de su propio caso, a fin de predecir la gloria del Mesías. El Nuevo Testamento nos provee de una llave para introducirnos en el misterio de estas líneas.

“Porque David dice de él: Veía al Señor siempre delante de mí; Porque está a mi diestra, no seré conmovido. Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza; Porque no dejarás mi alma en el Hades, Ni permitirás que tu Santo vea corrupción. Me hiciste conocer los caminos de la vida; Me llenarás de gozo con tu presencia” Hechos 2:25 - 28

Estos versículos han de aplicarse con toda certeza a Cristo; de Él habla aquí el rey-profeta, como lo hicieron muchos otros profetas del Antiguo Testamento, anunciando de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos (1 Pedro 1:11). David predice aquí:

“…escudriñando qué persona y qué tiempo indicaba el Espíritu de Cristo que estaba en ellos, el cual anunciaba de antemano los sufrimientos de Cristo, y las glorias que vendrían tras ellos” 1Pedro 1:11

Que Cristo habla de sufrir y morir. Al decir (v. 9b) “Mi carne... reposará confiadamente”, especialmente a la vista del contexto posterior (v. 10), se insinúa que ha de dejar el cuerpo, no solo que ha de morir, sino también que ha de ser sepultado y permanecer por algún tiempo en las garras de la muerte.

Que habla de ser apoyado maravillosamente por el poder divino (comparar. con Hebreos 9:14; 12:2) en sus sufrimientos y en su muerte, hasta poder asegurar (Juan. 19:30): “Consumado está”. Dice (v. 9a): “Se alegró, por tanto, mi corazón y se gozó mi gloria (literal)”, es decir, su lengua, como se ve, no solo por comparación con Salmos 30:12, donde sale el mismo vocablo, sino también por Hechos 2:26. (Nota del traductor: Sin duda, se llama “gloria” a la lengua por metonimia, ya que con ella glorificamos a Dios. Me resulta extraño que las versiones católicas modernas, como la de los jesuitas —Arconada—, la Nueva Biblia Española y la Biblia de Jerusalén, traduzcan —contra las evidencias señaladas— “entrañas”; literal “hígado”, en hebreo kabed, corrigiendo así innecesariamente el texto masorético, que dice kabod = gloria.) Ahora bien, tres eran las cosas que sostuvieron a Cristo para que llevase a cabo gozosamente la obra de la redención:

El respeto que tenía a la voluntad y a la gloria del Padre en todo lo que llevó a cabo (v. 8a): “A Yahweh he puesto siempre delante de mí”.

La seguridad que tenía de la presencia de su Padre en medio de sus padecimientos (v. 8b): “Porque está a mí diestra, no seré zarandeado”. Como diciendo: “Está presente para ayudarme al alcance de la mano en tiempo de necesidad”.

La perspectiva de un glorioso resultado de sus padecimientos (Isaías 53:11; Filipenses 2:9-11; Hebreos 12:2). El Espíritu Santo le infundió el valor necesario para soportar el tormento y el vituperio de la Cruz “…por el gozo puesto delante de sí”. Así descansó con esperanza, y eso tornó glorioso su descanso (comparar con Isaías 11:10; Juan. 13:31, 32).

“¿cuánto más la sangre de Cristo, el cual mediante el Espíritu eterno se ofreció a sí mismo sin mancha a Dios, limpiará vuestras conciencias de obras muertas para que sirváis al Dios vivo?” Hebreos 9:14

“Por tanto, a ti cantaré, gloria mía, y no estaré callado. Jehová Dios mío, te alabaré para siempre” Salmos 30:12

“Por lo cual mi corazón se alegró, y se gozó mi lengua, Y aun mi carne descansará en esperanza” Hechos 2:26

“Verá el fruto de la aflicción de su alma, y quedará satisfecho; por su conocimiento justificará mi siervo justo a muchos, y llevará las iniquidades de ellos” Isaías 53:11

“Por lo cual Dios también le exaltó hasta lo sumo, y le dio un nombre que es sobre todo nombre, para que en el nombre de Jesús se doble toda rodilla de los que están en los cielos, y en la tierra, y debajo de la tierra; y toda lengua confiese que Jesucristo es el Señor, para gloria de Dios Padre” Filipenses 2:9-11

“Puestos los ojos en Jesús, el autor y consumador de la fe, el cual por el gozo puesto delante de él sufrió la cruz, menospreciando el oprobio, y se sentó a la diestra del trono de Dios” Hebreos 12:2

“Acontecerá en aquel tiempo que la raíz de Isaí, la cual estará puesta por pendón a los pueblos, será buscada por las gentes; y su habitación será gloriosa” Isaías 11:10

“Entonces, cuando hubo salido, dijo Jesús: Ahora es glorificado el Hijo del Hombre, y Dios es glorificado en él. Si Dios es glorificado en él, Dios también le glorificará en sí mismo, y en seguida le glorificará” Juan 13:31,32

Que había de ser librado a través de sus padecimientos y rescatado, mediante la resurrección, de los poderes de la muerte (v. 10):“Porque no dejarás mi alma en el Seol, ni permitirás que tu santo vea corrupción”

Que habría de ser abundantemente recompensado por sus grandes padecimientos (v. 11): “Me mostrarás la senda de la vida”, es decir, me llevarás a la resurrección a través del oscuro valle de la muerte. Por la confianza que tenía en esto, pudo decir antes de expirar: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lucas. 23:46).

Siendo Cristo la Cabeza del cuerpo que es la Iglesia (Colosenses 1:24), estos versículos pueden aplicarse, en su mayor parte, a todos los verdaderos creyentes, quienes están animados y guiados por el Espíritu de Cristo; y, al leerlos o cantarlos, podemos animarnos y edificarnos a nosotros mismos y unos a otros, después de haber dado a Cristo la gloria que se le debe. El creyente moribundo, lo mismo que el moribundo Cristo, puede dejar gozosamente el cuerpo, en la confiada expectación de una segura resurrección: “Mi carne también reposará confiadamente”.

“Ahora me gozo en lo que padezco por vosotros, y cumplo en mi carne lo que falta de las aflicciones de Cristo por su cuerpo, que es la iglesia” Colosenses 1:24