JEHOVÁ DA DOMINIO AL REY
SALMO 110
Sentir del Mes de Abril
Salmo 110
La realeza del Mesías
Las victorias del Mesías
110:5 A tu derecha, Señor, él derrotará a los reyes, en el día de su enojo;
110:6 juzgará a las naciones, amontonará cadáveres y aplastará cabezas por toda la tierra.
110:7 En el camino beberá del torrente, por eso erguirá su cabeza.
Explicación de Salmo
II. Su oficio sacerdotal (v. 4).
III. Su oficio regio (vv. 1, 3, 5, 6, 7).
Versículos 1-4
Hay quienes han llamado a este salmo «el credo de David», pues en él se hallan casi todos los artículos de la fe cristiana. Si David, por fe en el Mesías que había de venir, así alabó a Dios y se solazó a sí mismo, ¡cuánto más hemos de alabarle nosotros, al cantarlo, después de cumplirse gran parte de lo que aquí se predice! Cosas gloriosas se dicen aquí de Cristo.
1. Es el Señor de David. Hemos de tomar buena nota de esto, pues el propio David nos lo hace observar (Mt. 22:43): «David en el Espíritu le llama Señor.»
2. Es constituido Señor Soberano por el consejo y el decreto del mismo Dios (v. 1): «Yahweh le dijo: Siéntate a mi diestra como rey», pues la frase indica en el invitado una dignidad semejante a la del que invita (comp.l R.2:19;Ef. 1:20; Col. 3:1; He. 1:3,13; 8:1; 10:12; 1 P.3:22, entre otros lugares). Además, sentarse es postura de reposo, de gobierno y de juicio.
3. Todos sus enemigos han de servir un día de escabel de sus píes. Dice Cohén: «Es una metáfora que indica la decisiva derrota de los enemigos, que tiene su origen en la costumbre de poner el pie el vencedor sobre el cuello del general, o del rey, vencido» (Jos. 10:24). La frase se aplica a Cristo en 1 Co. 15:25; Ef. 1:22; He. 2:8; 10:13, y está claro que esto se refiere al futuro.
4. Ha de tener en este mundo un reino cuya capital será Sión (v. 4), desde donde Dios mismo extenderá el cetro poderoso (lit. el cetro de tu fuerza) del Mesías. Allí ocupará el trono de su padre David (Le. 1:32, 33).
«Domina en medio de tus enemigos» (v. 2b), son palabras del «oráculo» (lit. «Oráculo de Yahweh a mi Señor»; v. 1) de Dios al Mesías. Esto no significa que ya comience a reinar, sino que le da al futuro rey la certeza de que la victoria será suya.
5. Ha de tener gran número de voluntarios, enrolados en sus filas como soldados. Nota del traductor: El v. 3 es muy difícil y se ha vertido e interpretado de muchísimas maneras. El hebreo dice concisa y textualmente: «Tu pueblo (se ofrece) voluntariamente (v. Jue. 5:2) en el día de tu proeza (o, de tus fuerzas movilizadas), en adornos de santidad, desde el seno, desde el alba; para ti el rocío de tu juventud.» Con estos elementos textuales a la vista, y el análisis del contexto, la Reina-Valera ofrece una espléndida versión, semejante a la V.A. judía, la New International Versión y la NewAmerican Standard Translation. La Nueva Biblia Española y la Biblia de Jerusalén corrigen el texto hebreo y marchan por derroteros completamente distintos. Los detalles más interesantes para nuestro estudio son los siguientes:
(A) Es su pueblo, los suyos, los que se ofrecen voluntariamente (lit. [son] voluntariedades) para seguir al Mesías. Cristo no quiere soldados forzados.
(B) Que se le ofrecerán en el día de su proeza. Esto puede entenderse de dos maneras: (a) En un día (o fecha) determinado, cuando el Mesías derrote definitivamente a sus enemigos (v. Ap. 19:14-21). Esto —en opinión del traductor— cuadra bien, no sólo en el contexto de este salmo, sino también en el del Salmo 2. (b) En una época entera. Dice el doctor Ryrie sobre este versículo. «El sentido es éste: durante el Milenio, el pueblo de Dios se enrolará voluntariamente en torno al Mesías, quien los guiará con vigor constantemente renovado.»
(C) Los adornos de santidad, o santos arreos (comp. 29:2; 96:9) nos recuerdan que Israel era un reino de sacerdotes; también lo es la Iglesia (1 P 2:9; Ap. 1:6), aunque las armas de nuestra milicia son espirituales, como lo son los sacrificios que ofrecemos a Dios (Ro. 12:1; He. 13:15,16). Vestidos de santidad interior, no de arreos exteriores, hemos de ministrar, no por delegación en una casta, como el Israel de antaño y la Iglesia Romana de hogaño, sino todos y cada uno de los creyentes. La santidad es la librea de los soldados de Cristo.
(D) La mención del rocío nos lleva a Miq. 5:7, donde se dice del «remanente de Jacob» que será como rocío de Yahweh. Dice Cohén: «El rocío cae al rayar el alba, la cual es llamada poéticamente su madre. Es una metáfora de frescura y se aplica bellamente a los jóvenes del reino que llenan las filas del ejército.» Mucho alegra ver a los jóvenes recibir a Cristo y estar dispuestos a servirle de todo corazón y con todo el vigor de su juventud.
6. No sólo será rey, sino también sacerdote (v. 4). Yahweh lo juró (hizo de ello un decreto inalterable) y no se arrepentirá, es decir, no revocará el edicto. Cristo es sacerdote para siempre (comp. con He. 5:6; 6:20; 7:17, 21, 24), y aunque ofreció su sacrificio una sola vez (He. 9:28; 10:12), vi ve siempre para interceder (He. 7:25), que es la función primordial del sacerdote. Y es sacerdote, no según el orden de Aarón, pues Cristo no era de la tribu de Leví, sino según el orden de Melquisedec, anterior y superior (y a perpetuidad) al de Aarón, como comenta el autor de Hebreos en el cap. 5.
Versículos 5-7
Aquí tenemos a nuestro gran Redentor:
1. Derrotando a sus enemigos (vv. 5, 6) completamente.
(A) El Señor (hebr. Adonay), el Soberano de cielos y tierra, está a la diestra del Mesías para asegurarle la victoria, y aplastará (lit. aplastó, pretérito profetice) a los reyes que se le opondrán. Esto se refiere especialmente a la batalla de Armagedón (Ap. 19:15), donde se menciona expresamente la ira del Dios Todopoderoso.
(B) Siempre con el poder de Yahweh, el Mesías (como vemos por todas las referencias del N.T., especialmente Jn. 5:20, 27) juzga a las naciones (v. 6), es decir, pronuncia sentencia contra ellas, y ejecuta la sentencia, como declara expresamente el resto del versículo. Hace notar Cohén que, en lugar del verbo ordinario shafat, el texto usa din que, aquí, como en todas partes, no significa oír una causa, sino pronunciar sentencia en un caso ya decidido (comp. Gn. 49:16). Y añade: «En el presente pasaje, las naciones quedan convictas como culpables de agresión, y Dios va a ejecutar su juicio sobre ellas.» No es un juicio sumarísimo, que da paso a una ejecución militar sin pruebas suficientes, sino un caso bien probado y examinado en el tribunal de Dios, al que nada se le oculta y quien es infinitamente justo.
2. Animando a los suyos (v. 7). El sujeto de los verbos de este versículo ya no es Dios, sino el propio Mesías. «Beber del arroyo» no indica ninguna humillación; no puede aplicarse, sin violentar el texto, a la copa amarga que el Salvador hubo de apurar. La imagen es la del conquistador que persigue a sus enemigos derrotados y, cansado y sediento, se para un momento a refrescarse de paso en un arroyo, a fin de continuar su persecución con renovado vigor. No se puede pasar por alto el hecho de que el verbo en futuro (yarim), no está en forma Qal, sino Hifil, por lo que significa literalmente «hará levantarla cabeza» (señal de victoria final). La victoria del Mesías no es sólo para sí, sino también para todos los redimidos. Dice Arconada: «Él y los suyos irán con la cabeza erguida.» Comenta devocionalmente M. Henry: «Cuando murió, inclinó la cabeza (Jn. 19:30), pero luego la levantó, por su propio poder, en la resurrección.»
Viernes 1 y Domingo 3
V.1 Jesús es el Señor
Es el Señor de David. Hemos de tomar buena nota de esto, pues el propio David nos lo hace observar (Mt. 22:43): «David en el Espíritu le llama Señor.»
Es constituido Señor Soberano por el consejo y el decreto del mismo Dios (v. 1): «Yahweh le dijo: Siéntate a mi diestra como rey», pues la frase indica en el invitado una dignidad semejante a la del que invita (comp.l R.2:19;Ef. 1:20; Col. 3:1; He. 1:3,13; 8:1; 10:12; 1 P.3:22, entre otros lugares). Además, sentarse es postura de reposo, de gobierno y de juicio.
Viernes 8 Y Domingo 10
V.1-3 El Dominio de Jesús
Todos sus enemigos han de servir un día de escabel de sus píes. Dice Cohén: «Es una metáfora que indica la decisiva derrota de los enemigos, que tiene su origen en la costumbre de poner el pie el vencedor sobre el cuello del general, o del rey, vencido» (Jos. 10:24). La frase se aplica a Cristo en 1 Co. 15:25; Ef. 1:22; He. 2:8; 10:13, y está claro que esto se refiere al futuro.
Viernes 15 y Domingo 17
V.4 El Sacerdocio del Mesias
No sólo será rey, sino también sacerdote (v. 4). Yahweh lo juró (hizo de ello un decreto inalterable) y no se arrepentirá, es decir, no revocará el edicto. Cristo es sacerdote para siempre (comp. con He. 5:6; 6:20; 7:17, 21, 24), y aunque ofreció su sacrificio una sola vez (He. 9:28; 10:12), vi ve siempre para interceder (He. 7:25), que es la función primordial del sacerdote. Y es sacerdote, no según el orden de Aarón, pues Cristo no era de la tribu de Leví, sino según el orden de Melquisedec, anterior y superior (y a perpetuidad) al de Aarón, como comenta el autor de Hebreos en el cap. 5.
Viernes 22 y Domingo 24
Los cantos escogerlos de acuerdo a la fecha especial.
Viernes 29 y Domingo 1 ero de Mayo
V. 5-6 Jesús el Victorioso
Derrotando a sus enemigos (vv. 5, 6) completamente.
(A) El Señor (hebr. Adonay), el Soberano de cielos y tierra, está a la diestra del Mesías para asegurarle la victoria, y aplastará (lit. aplastó, pretérito profetice) a los reyes que se le opondrán. Esto se refiere especialmente a la batalla de Armagedón (Ap. 19:15), donde se menciona expresamente la ira del Dios Todopoderoso.
(B) Siempre con el poder de Yahweh, el Mesías (como vemos por todas las referencias del N.T., especialmente Jn. 5:20, 27) juzga a las naciones (v. 6), es decir, pronuncia sentencia contra ellas, y ejecuta la sentencia, como declara expresamente el resto del versículo. Hace notar Cohén que, en lugar del verbo ordinario shafat, el texto usa din que, aquí, como en todas partes, no significa oír una causa, sino pronunciar sentencia en un caso ya decidido (comp. Gn. 49:16). Y añade: «En el presente pasaje, las naciones quedan convictas como culpables de agresión, y Dios va a ejecutar su juicio sobre ellas.» No es un juicio sumarísimo, que da paso a una ejecución militar sin pruebas suficientes, sino un caso bien probado y examinado en el tribunal de Dios, al que nada se le oculta y quien es infinitamente justo.